Un chapuzón helado en aguas finlandesas

Miles de finlandeses están deseando que llegue el invierno, ese momento para poder nadar en el agua gélida de un avanto, o sea: en un agujero practicado en el hielo. ¡Tenemos hasta un campeonato nacional! Pero, ¿qué le pasa a la gente por la cabeza para querer hacer esto?

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Desde finales de otoño hasta la primavera, un puente flotante conecta la pequeña isla de Uunisaari con Kaivopuisto, el parque situado a lo largo de la orilla sur de Helsinki. Es una fría mañana de invierno y el silencio de la isla se rompe repetidamente cada vez que una fila de figuras escasamente vestidas se desliza entre el edificio bajo de la sauna y el embarcadero, para luego sumergirse valerosamente en un gran agujero practicado en la superficie congelada del mar.

Cada invierno, 150 000 finlandeses “disfrutan” dándose chapuzones con regularidad en los fríos lagos y bahías. Las personas que no están familiarizadas con esta práctica suelen hacer la siguiente pregunta: ¿Por qué?

“El choque que te produce el agua helada te provoca un subidón frío que te hace sentir más vivo que nunca, y luego te sientes extremadamente tranquilo y fresco”, nos explica Jonas Sipilä, secretario del Club de Natación Uunisaari Arctic. “Te dejas el estrés en el mar y la experiencia se convierte en una adicción”.

El club cuenta con unos 220 miembros de entre 12 y 75 años, y que son desde trabajadores de los astilleros, a directores generales de empresa. La mayoría viven en la vecindad, como Jonas Sipilä, que se zambulle en Uunisaari casi todos los días, aunque la sauna no esté en funcionamiento. Los aficionados más entusiastas siguen nadando en Uunisaari incluso cuando las temperaturas descienden a -20 ºC ( -4 ºF), ya que la temperatura del agua se mantiene siempre un poco por encima de 0 ºC (32 ºF).

Salud, hazañas y mucha euforia

En los campeonatos nacionales de natación de invierno las temperaturas pueden llegar a ser tan bajas, que los 25 metros de las calles se les hacen mucho más largos a los nadadores. Foto: Hernán Patiño

La presidenta del club, Sirkka Mäkeläinen, está convencida de que aquellos que practican con asiduidad la natación en avanto, sienten los beneficios que esta aporta a su salud física y mental, además de lo excitante que resulta. “La mayoría ha notado que sufre menos de estrés, resfriados y enfermedades dolorosas”, afirma. “Muchos dicen también que duermen mejor y que se sienten más despejados durante el día”.

Numerosos estudios científicos muestran que las inmersiones en frío también pueden reducir la presión arterial y promover el crecimiento de un tejido adiposo marrón (grasa parda) saludable, mejorando la tolerancia al frío. Los golpes de frío también estimulan la producción de hormonas de endorfina en el cerebro, las cuales aumentan la resistencia al dolor y causan esa sensación de euforia.

“Uno tiene la clara sensación de haber superado un desafío excitante”, nos explica Sirkka Mäkeläinen mientras tomamos algo caliente en el acogedor café de Uunisaari, después de nuestra gélida odisea en el avanto. “Los clubes de natación de invierno también tienen su lado social, sobre todo porque ir a la sauna juntos forma frecuentemente parte de la experiencia. He hecho muchos amigos gracias al club”.

Competir bajo cero

Los abrigos de invierno y los monos para la nieve de los espectadores forman un divertido contraste con los trajes de baño de los participantes.Foto: Hernán Patiño

En Finlandia hay registrados más de 200 clubes e instalaciones de natación de invierno, pero también hay mucha gente que hace agujeros más pequeños cerca de sus casas, con la ayuda de palas o motosierras.

Desde 1989, vienen celebrándose cada año campeonatos nacionales en distintos lugares, aunque se sabe que esta excéntrica afición lleva haciendo las delicias de los finlandeses desde el siglo XVII. Los primeros clubes fueron fundados en los años 20 del pasado siglo.

En Finlandia hay registrados más de 200 clubes e instalaciones de natación de invierno, pero también hay mucha gente que hace agujeros más pequeños cerca de sus casas, con la ayuda de palas o motosierras.

Desde 1989, vienen celebrándose cada año campeonatos nacionales en distintos lugares, aunque se sabe que esta excéntrica afición lleva haciendo las delicias de los finlandeses desde el siglo XVII. Los primeros clubes fueron fundados en los años 20 del pasado siglo.

Los campeonatos de 2017, que se celebraron en el Instituto Deportivo de Tanhuvaara, en el este de Finlandia, atrajeron a casi 800 participantes —que compitieron por categorías de edad, comprendidas entre menos de 20 a más de 70 años— y aproximadamente al mismo número de espectadores o, más bien, “bañistas de secano”. “Para 2017 hemos añadido nuevos eventos, incluyendo una competición de 50 metros braza y otra de 25 metros libres, además de la tradicional de 25 metros braza y las emocionantes carreras de relevos de 4×25 metros”, nos cuenta Hanna Okkonen, coorganizadora a cargo de la coordinación de las actividades de natación de invierno para la Asociación de actividades al aire libre de Finlandia. “El gran número de competidores inscritos demuestra que la natación en avanto es particularmente popular entre las mujeres de mediana edad, pero el participante más joven tenía 13 años y el más mayor 84”.

Una excelente manera de ponerse a prueba

Los nadadores se ponen de todo en la cabeza: un gorro de baño, un sombrero de copa, o esto otro, que nos parece indescriptible.Photo: Hernan Patiño

Llevar cubierta la cabeza es obligatorio —lo mismo da si se trata de un gorro de baño convencional o de un gorro de lana absurdo—, y hay hombres rana vigilando en caso de que a alguien le cueste mantenerse a flote. Aunque la mayoría de los competidores acuden para divertirse, otros se toman las competiciones muy en serio, incluso algunos con historiales impresionantes como nadadores profesionales, o incluso olímpicos. Los tiempos son más largos que en los eventos de verano, ya que los competidores toman la salida de pie y temblorosos dentro de la piscina, en lugar de zambullirse en ella.

Elina Mäkinen, que tiene 23 años y es de Joensuu, se hizo recientemente una “milla de hielo” —en poco más de 26 minutos y a 2 ºC (35,5 ºF)— en la competición Wild Water de Armagh, Irlanda. “Tengo la sensación de que no noto demasiado el frío y la natación de invierno es una manera estupenda de ponerse a prueba y conocer gente positiva con intereses similares”, nos dice.

Con 79 años, Anja Selenius lleva ganadas 15 medallas de oro en su categoría de edad en las competiciones de los campeonatos mundiales de Finlandia, Letonia, Londres, Eslovenia y Siberia. Entrena todo el año, dos veces por semana y al aire libre, cerca de donde vive, en Punkaharju, una ciudad del este de Finlandia. “Vale la pena practicar regularmente el estilo, las salidas y los giros, antes de las grandes competiciones”, nos dice. “Para los campeonatos de 2018 habré cumplido los 80, y le debo en gran parte a la natación el no sufrir de reumatismo alguno. ¡Ya ni me acuerdo de cuándo fue la última vez que tuve un resfriado!”.

En estos momentos, Anja Selenius está ayudando a entrenarse a Viivi Paasonen, que con tan solo 14 años está con ella en el mismo club de natación. Viivi Paasonen hizo 25 metros en menos de 20 segundos en los campeonatos finlandeses de este año. “Llevo nadando en competiciones desde los 8 años, pero esta es mi primera temporada de invierno”, nos cuenta. “A mis compañeros de clase les sorprende que me atreva a hacerlo, pero nadar en un avanto es sensacional. Estoy muy emocionada con la oportunidad de ir el año que viene a los campeonatos mundiales de Estonia con Anja y nuestros compañeros de equipo”.

Por Fran Weaver, marzo de 2017

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