En Finlandia, la natación se considera una habilidad cívica que favorece la seguridad, el bienestar y la igualdad. Saber nadar es esencial en un país con miles de lagos y muchos kilómetros de costa. La natación se enseña en las escuelas como una habilidad básica para la vida, que ayuda a los niños a ganar confianza y estar seguros en el agua. Los municipios ofrecen clases de natación y cuentan con piscinas públicas para garantizar que todo el mundo tenga la oportunidad de aprender.
Los «derechos de todos» (jokaisenoikeudet, en finés) permiten tanto a residentes como a visitantes disfrutar de la naturaleza de forma libre y responsable, y eso incluye la natación. Puedes bañarte en lagos, en ríos, en el mar e incluso en propiedades privadas, siempre que no molestes a los demás ni dañes el medio ambiente. Eso sí, debes evitar nadar sin permiso cerca de embarcaderos privados, patios o casas de campo. Los derechos de todos tienen que ver con la libertad, pero también con la responsabilidad.
Y no olvides dejar siempre el medio natural tal como lo encontraste.
Martti Laajus, fundador del grupo de natación en aguas abiertas Kaitalampi de Espoo.

«La natación en aguas abiertas es adecuada para todas las edades, especialmente para las personas mayores, ya que es muy beneficiosa para las articulaciones. Es una forma estupenda de mantenerse en forma y divertirse al aire libre. Funciona como entrenamiento cardiovascular y respiratorio para todo el cuerpo.
Yo antes participaba en competiciones nacionales de natación, ganando varias de ellas. En la década de 2010 pasé algunos inviernos en las Islas Canarias (España), y pronto me aficioné a la natación en aguas abiertas, muy popular allí. Ya habíamos nadado con unos amigos en los años 80 en Kaitalampi, un estanque de Espoo.
Se me ocurrió la idea de que podríamos poner en marcha algo parecido, aunque aquí la temporada sea mucho más corta. He creado el grupo de Facebook Kaitalampi Open Water para que la gente encuentre compañeros de natación. No puedo atribuirme todo el mérito, pero desde entonces hemos asistido a un renacimiento de la natación en aguas abiertas en toda Finlandia.

Voy a nadar a Kaitalampi unas tres veces por semana. Últimamente mis temporadas han sido más cortas porque he dejado de llevar traje de neopreno. Nadar es mucho más placentero cuando puedo sentir el suave tacto del agua del lago en mi piel. La natación en aguas naturales no va de entrenar duro, sino de disfrutar.
Hace años, me di cuenta de que cada vez que tenía que tomar una decisión difícil en el trabajo, si iba a darme un chapuzón enseguida encontraba una solución. Hay estudios que lo explican: El flujo sanguíneo del cerebro mejora cuando estás en posición horizontal. En el agua te aíslas de la sobrecarga sensorial a la que estamos sometidos cada día. Pasar tiempo en el bosque es bueno para la salud mental, y las aguas abiertas tienen el mismo efecto. No es de extrañar que la gente siempre salga del lago sonriendo».
Tero Savolainen, especialista de la Federación Finlandesa de Natación y Salvamento y monitor de natación durante 25 años.

«El agua es un entorno de entrenamiento muy distinto al de tierra firme, y aprender a nadar no tiene nada que ver con aprender a practicar ningún otro deporte. El alumno tiene que dar el último paso por sí mismo, y ese momento nunca deja de sorprenderme: se arma de valor, levanta los pies y empieza a nadar.
En las escuelas finlandesas, la natación es el único deporte que es obligatorio aprender. Es una habilidad que salva vidas.

Enseñar a nadar es enseñar a confiar en uno mismo.Muchas personas temen el agua o tienen inseguridades relacionadas con ella.Tenemos que transformar esas sensaciones en confianza y habilidades. Con los niños todo esto ocurre de forma natural a través del juego, pero los adultos necesitan la misma cantidad de repeticiones y la misma comprensión. El proceso de generar confianza en el agua es el mismo.
En la natación, los fallos pueden ser muy incómodos. Por ejemplo, que te entre agua en la nariz resulta desagradable. Esto puede ponerte nervioso y hacer que le acabes teniendo miedo al agua; así que cuando esto ocurre, hay que recuperar las habilidades y la confianza lo antes posible. Las dudas, la tensión y los contratiempos tienden a acumularse, así que nos esforzamos por mantener un ciclo positivo. A veces te entra agua en la nariz, pero juntos lograremos superarlo».
Saara Kotiranta, nadadora aficionada.

«Para mí, la natación no es un deporte, sino algo que hago por placer. No tengo mucha técnica ni estoy muy en forma, pero me encanta pasar el rato en el agua cristalina de los lagos. Voy a nadar al lago Ahvenisto, cerca de Hämeenlinna, con mi hijo menor y sus amigos, o bien sola. En invierno solemos reservar la sauna con un grupo de amigos. Nado allí varias veces a la semana en verano y quizá de dos a cuatro veces al mes en invierno.
Ahvenisto tiene aguas cristalinas, y la playa es bastante grande, por lo que nunca está abarrotada. En el fondo del lago hay manantiales que hacen que el agua esté fresca todo el verano. En un lago pequeño como este no hay grandes olas, así que puedo flotar y relajarme.

Descubrí la natación de invierno hace unos tres años.Ahora soy capaz de aguantar unos minutos dentro de un agujero en el hielo, pero normalmente solo entro y salgo. El agua fría me ayuda a relajarme, ya que allí dentro es imposible pensar en otra cosa.
Tengo tres hijos de 10, 15 y 17 años. Quise que aprendieran a nadar desde pequeños. Cuando rondaban los cuatro años, los empezábamos a llevar a un club de natación una vez a la semana. Vivimos cerca de varios lagos, así que han practicado mucho desde entonces. Ahora tienen mucha confianza y les encanta bucear. Saber que mis hijos saben nadar me hace sentir mucho más segura».
Aisha Siddiqi, aficionada a la natación.

«Aprendí a nadar hará unos cuatro años, cuando tenía siete años. «Al principio, estar en el agua me daba miedo, pero tenía muchas ganas de aprender». Empecé con flotadores de seguridad, y mis padres me animaron. Practiqué agarrándome al borde de la piscina hasta que tuve el valor suficiente para soltarme. Mi padre se quedó un poco más lejos y yo intenté nadar hacia él sin los flotadores. Seguí intentándolo una y otra vez, y al final aprendí. Creo que mi padre es el mejor profesor de natación.
Conozco diferentes estilos de natación, pero suelo nadar boca abajo. Vamos a la piscina una vez a la semana con mi familia, y a veces viene algún amigo. Solemos ir a la piscina Vuosaari de Helsinki. Yo me lo paso bien sobre todo con el tobogán acuático y saltando desde la plataforma de saltos.
Nadar es importante para la seguridad: si me caigo al agua, sé cómo nadar hasta un lugar seguro; y si se cae otra persona, puedo ayudarla. Todos los niños deberían aprender a nadar porque es muy importante y divertido».

Texto Ninni Lehtniemi, ThisisFINLAND Magazine
Fotografía Heidi Piiroinen