Una finlandésa en América reflexiona sobre el lujo de disfrutar de la vida

Anu Partanen es la autora del libro “The Nordic Theory of Everything: In Search of a Better Life,” en el que compara la vida diaria en Estados Unidos con la vida en los países nórdicos.

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Cuando uno de mis amigos estadounidenses se mudó de Nueva York a Helsinki, sabía qué esperar. Había visitado Finlandia con frecuencia, le gustaba el tamaño manejable de la capital y era consciente de que los inviernos podían ser duros. Aun así, había algo que le preocupaba: el bajo nivel de los salarios finlandeses.

En Finlandia el sueldo medio anual de los trabajadores a tiempo completo es de solo 36 000 euros, unos 43 000 dólares, aproximadamente. Aunque en muchos lugares del mundo no se consideraría un sueldo bajo, para un profesional con formación y procedente de uno de los centros financieros más grandes del mundo, ello suponía una importante reducción de su salario. Mi amigo estaba acostumbrado a los sueldos de la Ciudad de Nueva York y, aunque allí hay una importante cantidad de trabajadores con salario mínimo que ganan mucho menos, los profesionales corporativos, como abogados, economistas y ejecutivos de ventas, ganan al menos 100 000 dólares al año. Los sueldos finlandeses no pueden competir con eso. Aun así, mi amigo neoyorquino pronto descubrió que la pérdida de ingresos era menos grave de lo que él se había imaginado. El motivo era simple: en Finlandia no gastaba dinero.

Se reía mientras me contaba esto. Aunque, naturalmente, algo de dinero tenía que gastar. El alojamiento en Helsinki es absurdamente caro y la comida tampoco es barata, si se compara con muchos otros lugares. Pero había gran parte de verdad en lo que decía.

Por ejemplo, en la Ciudad de Nueva York, el coste medio anual de una guardería para un niño es de 16 000 dólares. Se trata de una cifra que está por encima de la media para Estados Unidos, pero en más de la mitad de los estados el coste asciende hasta 10 000 dólares y en Washington D.C. es aún superior, hasta 22 000 dólares.  En Finlandia, todos los niños tienen garantizada su plaza en una guardería pública de alta calidad, donde juegan al aire libre la mayor parte del tiempo, supervisados por personal formado y con gran experiencia. Las familias pagan el servicio en función de una escala que varía según sus ingresos. La cantidad máxima que habría que pagar, independientemente de lo altos que estos sean, asciende a 3480 euros, o 4100 dólares al año.

En Estados Unidos, los padres no solo tienen que pagar guarderías caras, sino que también deben ahorrar para la futura edu­cación de sus hijos. Allí, la media de las tasas de matrícula, más alojamiento y comida, en una universidad privada sin ánimo de lucro para estudios de cuatro años, es de unos
45 000 dólares al año. En Finlandia, la educación universitaria es gratuita para todos los finlandeses y los ciudadanos de la UE, y el gobierno concede una beca mensual para ayudar con los gastos de subsistencia.

Enamorarse de los ideales nórdicos

En Estados Unidos, la atención sanitaria es uno de los principales gastos para las familias. En Finlandia, la atención sanitaria se financia con los impuestos, y los pacientes solo pagan pequeñas cantidades. La atención a los niños y a las mujeres embarazadas es prácticamente gratuita. Los costes anuales adicionales son como máximo de 690 euros, unos 815 dólares. Una vez que el paciente alcanza ese límite, la mayor parte de los cuidados son gratuitos.

Lo que mi amigo estaba descubriendo era que, mientras que los estadounidenses con formación superior ganan salarios que a priori pueden parecer elevados, garantizarse los servicios básicos puede costarle a una familia estadounidense si no cientos, miles de dólares extra al año, después de pagar los impuestos.  En un país como Finlandia, estos servicios son simplemente como el servicio contra incendios: pagas tus impuestos y eso es todo. Los impuestos finlandeses son proporcionales a los ingresos, y el impuesto sobre la renta también tiende a ser bastante más bajo de lo que muchos extranjeros piensan. (Un trabajador finlandés con un sueldo medio suele pagar aproximadamente una cuarta parte de sus ingresos en impuestos). Como resultado, incluso un salario que podría parecer bajo, en Finlandia permite llegar lejos.

Últimamente todo el mundo parece haberse enamorado de un ideal nórdico al que con frecuencia se refieren con el término danés hygge, el equivalente a pasar un tiempo agradable con familia y amigos, en lugar de trabajar hasta la extenuación para conseguir salarios más altos. Lo que no se dice con frecuencia es que los nórdicos pueden permitirse disfrutar de la vida de este modo gracias a que sus sociedades han elegido proporcionar algunas de las necesidades básicas más complicadas y caras —guarderías, educación, atención sanitaria, etc.—, como un derecho universal. Esto significa que la gente no tiene que invertir su tiempo en buscar y asegurarse estos servicios, y que todo el mundo puede recibir los bienes básicos, independientemente de su nivel de ingresos. También significa que la clase alta y la clase media utilizan los mismos servicios y, como consecuencia, su nivel de calidad se mantiene alto.

Ahora que mi amigo ya vive asentado en Finlandia, con un trabajo y un bebé recién nacido, está convencido de que ha hecho un buen negocio. No se trata del dinero que uno gana, sino de lo que se puede conseguir con ese dinero.

Tres cosas importantes que funcionan estupendamente en Finlandia

  • Montar en bici
    “En Finlandia el carril bici está normalmente separado de los coches y suele discurrir a lo largo del curso del agua o atravesando zonas de bosque, incluso en las ciudades. No hay mejor manera de desplazarse que ir en bici bordeando la orilla del mar”.
  • Guarderías
    “Aunque los finlandeses suelen quejarse inmediatamente cuando los servicios públicos no cumplen con sus expectativas, la mayoría aprecia las alegres jornadas llenas de actividades que los niños disfrutan en las guarderías públicas y consideran que son la fuente de la verdadera felicidad”.
  • Tráfico en invierno
    “Conducir con hielo, granizo y nieve es difícil en cualquier lugar, y los finlandeses sufren accidentes y retrasos como todo el mundo en esas condiciones, pero cuando tras unos años en el extranjero volví a Finlandia, me di cuenta de lo bien que aquí se gestiona el tráfico de invierno. La vida continúa como si fuera verano”.

Por Anu Partanen, ThisisFINLAND Magazine 2018

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