Dos aplicaciones finlandesas para crear vínculos en la vida real

En Finlandia, el sentido de pertenencia a la comunidad suele forjarse a través de las aficiones compartidas, las tradiciones del vecindario y, ahora más que nunca, gracias a plataformas digitales, a través de las cuales resulta más sencillo solicitar y ofrecer ayuda.

En Finlandia, el espíritu de comunidad se construye a través de actividades compartidas como los talkoot, que consisten en que los vecinos colaboren, por ejemplo, haciendo las tareas de limpieza de primavera en jardines y patios una vez ha desaparecido la nieve, o de aficiones que actúan como nexo social. De hecho, alrededor del 90 % de los finlandeses tiene al menos una afición, y eso incluye a casi todos los niños menores de diez años. Participar no es algo fuera de lo común: es lo que se espera de uno.

«Empecé con la gimnasia a los cinco años», nos cuenta Meri-Tuuli Helin, madre de dos hijos y residente en Turku. «Cuando la retomé, veinte años después, me sentí como si volviera a formar parte de una comunidad. Todos compartimos la misma afición y los mismos intereses».

Destinados a entenderse

Meri-Tuuli Helin, directora ejecutiva de Gubbe, posa sonriente con los brazos cruzados sobre un fondo rosa, ataviada con una sudadera de Gubbe de color rosa claro.

«Se puede dar mucho y recibir mucho de alguien que ha vivido una vida diferente», afirma Meri-Tuuli Helin, directora ejecutiva de la plataforma Gubbe.
Foto: Gubbe

Helin ha sabido transmitir su entusiasmo a sus hijos, a lleva y trae regularmente de sus actividades extraescolares, en medio de un frenesí de ropa de abrigo, botas y equipamiento deportivo. No contenta con eso, Helin también se dedica a ayudar a mantener vínculos a quienes están en las etapas más avanzadas de la vida, sobre todo cuando a causa de la movilidad o la salud las rutinas diarias empiezan a sufrir cambios.

Helin es directora general de Gubbe, una plataforma que ayuda a muchas familias en la organización de visitas periódicas a sus mayores de edad avanzada. La mayoría de estas visitas las realizan jóvenes, muchos de ellos estudiantes. Con los mayores hacen pulla (los famosos bollos caseros finlandeses) o salen a pasear juntos, o les ayudan a poner orden en sus casas o, simplemente, se sientan a charlar. Lo importante no es la eficiencia. Lo importante es estar presentes.

«Es como un entrenador personal que viene a tu casa para ayudarte a mantenerte activo, con el fin de que puedas tener una vida estupenda hasta el final», afirma Helin.

Las ventajas de este intercambio son recíprocas. Las personas mayores logran seguir integradas en la vida cotidiana, mientras que los jóvenes obtienen un trabajo flexible y significativo y, muy a menudo, una amistad inesperada.

«Lo más reconfortante es unir las dos generaciones», dice Helin. «Se puede dar mucho y recibir mucho de alguien que ha vivido una vida diferente».

Para Helin, estos pequeños encuentros están sentando las bases para algo más grande que se perfila en el horizonte.

«Mi sueño es poder crear algún día hogares similares a las residencias de la tercera edad, pero donde jóvenes y mayores convivan», afirma. «Una verdadera comunidad, con actividades compartidas y una vida cotidiana en la que todos trabajen codo con codo».

Pedir es una virtud

En un jardín invernal, una mujer y un hombre trabajan juntos retirando la nieve, mientras un perro juega entre ellos.

Del silencio a la solidaridad: Commu simplifica los pasos para pedir ayuda.Foto: Commu

Esta misma lógica es la que está transformando la vida cotidiana en Finlandia, ya que las plataformas digitales están convirtiendo el hecho de pedir ayuda en algo más sencillo y más habitual.

«Puedes encontrar ayuda en un par de clics, como cuando pides comida a domicilio», afirma Karoliina Kauhanen, una de las fundadoras de Commu, la aplicación que pone en contacto a personas que necesitan ayuda, con vecinos dispuestos a ofrecerles su tiempo.

El interés ya existía y desde su lanzamiento, en 2022, la plataforma Commu ha logrado atraer a más de 100 000 usuarios en Finlandia.

«Lejos de ser un signo de debilidad, pedir ayuda cuando se necesita es lo más valiente que uno puede hacer por sí mismo», afirma Kauhanen.

A menudo lo que la gente busca es, sencillamente, alguien con quien hablar.

«La soledad es uno de los mayores problemas sociales de nuestra época», dice Kauhanen. «Y no se puede solucionar echando mano únicamente de herramientas sanitarias».

Del silencio a la solidaridad

Karoliina Kauhanen, fundadora de Commu, posa sonriente, ataviada con una sudadera verde, mientras muestra un teléfono en cuya pantalla puede verse la aplicación de Commu.

«Si te callas, ¿cómo va a poder ayudarte nadie?», pregunta Karoliina Kauhanen, fundadora de Commu.Foto: Commu

La aplicación Commu es una vía de acceso a una comunidad de personas en una amplia variedad de situaciones, ya se trate de alguien recién llegado a Finlandia que busca integrarse o de una persona que, de repente, se encuentra con que tiene que enfrentarse a circunstancias inimaginables.

Kauhanen recuerda las dudas de un padre de familia que acababa de enviudar y que no sabía si pedir ayuda. «Le resultaba muy, muy difícil, pero tenía que hacerlo para poder organizar el funeral y poner en orden su vida cotidiana».

Y la gente se puso en marcha.

«Recibió el apoyo que necesitaba durante las primeras semanas, las más terribles y difíciles de superar, por el bien de sus hijos».

Normalizar el hecho de pedir ayuda también se ha vuelto popular en otros lugares. En la actualidad, Commu tiene usuarios en Reino Unido, Portugal, Suecia, España, Noruega y Alemania.

«Vemos que hay una oleada de personas que quieren hacer el bien, por su propio bienestar y el de su comunidad», afirma Kauhanen.

«Sé lo que es quedarse sola y no tener una salida. Pero también he experimentado lo contrario: lo bien que te sientes cuando alguien por fin te ve a ti y ve problema con el que estás luchando y decidís afrontarlo juntos».

Por James O’Sullivan, abril de 2026