La tarde de finales de invierno es luminosa, excelente para encontrarme con el escritor y fotógrafo Tim Bird en la terminal de transbordadores del Puerto Sur de Helsinki.
Este año el invierno ha sido frío, pero soleado. Es uno de los primeros días en que la temperatura, por fin, supera los cero grados y la nieve y el hielo comienzan a fundirse. La luz del sol es diferente, más cálida, casi primaveral: la jornada perfecta para una visita a la cercana fortaleza de la isla de Suomenlinna.
Entre Helsinki y la isla el mar sigue cubierto por una espesa capa de hielo, abierta aquí y allá en los lugares por donde los rompehielos y transbordadores han surcado las aguas rompiendo su superficie, que forma unos remolinos extrañamente parecidos a los cristales de azúcar que adornan los korvapuusti, esos bollos de canela con aroma a cardamomo que nunca faltan en las cafeterías de toda Finlandia.
Bird observa con interés los motivos que el hielo forma en el agua. Lleva más de cuatro décadas en Finlandia y esta travesía le resulta más que familiar.
Dando un breve paseo desde el ferry llegamos al Café Silo, arropado por los edificios históricos de la fortaleza de Suomenlinna. Bird saluda al dueño, porque es cliente habitual. En las paredes hay colgadas varias de sus fotos. Mientras trabajaba en un libro sobre la fortaleza de la isla, Bird tuvo ocasión de entrevistar, fotografiar y conocer a muchas de las personas que viven y trabajan aquí. [Aclaración: Tim Bird también ha escrito y hecho reportajes fotográficos para este sitio web.]
El enfoque de la felicidad

En Happy Land, Tim Bird observa la vida en Finlandia desde lo que él denomina una “perspectiva lateral”, positiva, pero no exenta de crítica.
Foto: Emilia Kangasluoma
A pesar del título, Bird afirma que su último libro, Happy Land: Finding My Inner Finn (Tierra feliz: En busca del finlandés que llevo dentro), no pretende reforzar la imagen de Finlandia como país más feliz del mundo. (El Día Internacional de la Felicidad se celebra cada año el 20 de marzo. Coincidiendo con esta fecha, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas publica su Informe Mundial sobre la Felicidad. Finlandia lleva desde 2018 ocupando el primer puesto de la lista de países más felices del mundo que figura en el informe).
«Hablo muy bien de Finlandia», dice. En el libro, «quería adoptar una postura un poco más alejada, no mostrarme cínico respecto a la idea de la felicidad, no darla por sentada, a pesar de que el título parezca sugerir lo contrario. La analizo desde una perspectiva transversal».

“No esperes a que Finlandia venga a ti”, dice Tim Bird, recordando el consejo que le daría a su yo joven.
Foto: Emilia Kangasluoma
Aunque Finlandia aparezca repetidamente a la cabeza de las clasificaciones mundiales de felicidad, Bird opina que la palabra misma, “felicidad”, puede dar lugar a equívoco.
«Desde una perspectiva internacional, podría dar la impresión de que aquí todo el mundo está alegre y de buen humor», afirma. «Si uno se pone a analizarlo en profundidad, “felicidad” es la palabra equivocada. Sería más adecuado utilizar los términos “contento” o “satisfacción”».
Entre residente y observador

En su libro, Tim Bird cuenta su experiencia en Finlandia desde la doble perspectiva de residente y observador.
Foto: Emilia Kangasluoma
Bird llegó a Finlandia desde el Reino Unido en la década los 80, inicialmente solo para pasar una temporada. Al igual que muchos extranjeros de la época, empezó dando clases de inglés.
En el tono reflexivo que impregna todo el libro, a medio camino entre el relato viajero y las memorias, el autor rememora en Happy Land aquellos primeros días. Recordando su primer día en Helsinki, Bird describe ese extraño estado emocional que se siente al llegar a un lugar completamente nuevo:
«Antes de llegar a Finlandia, nunca había querido ser otra cosa que inglés, y desde entonces siempre he intentado alcanzar el precario equilibrio que supone disfrutar de los derechos de un residente y los privilegios de un observador. El hogar, me parece, sería más una propiedad espiritual que un lugar concreto. Sin embargo, cuando me encontré solo en aquel apartamento, la palabra “hogar” era la menos aplicable a mi situación, en ningún sentido. Me encontraba absolutamente desubicado».
Ha llovido mucho desde aquella primera noche. Desde entonces, Tim Bird ha escrito y fotografiado mucho, abarcando desde la cultura y el paisaje, hasta la historia de Finlandia. Aunque habla finés, a menudo trabaja en inglés, un dato más que recuerda la posición ligeramente “entre medias” que ocupa después de tantos años en el país.
Un ferry navega entre la niebla por la helada costa del Báltico en Finlandia, donde el aire invernal convierte el agua en una bruma que parece flotar a la deriva. Foto: Tim Bird
Bajo una carpa de conciertos, cientos de personas disfrutan de la música en directo, una experiencia habitual en Finlandia, dado el animado panorama de festivales que tienen lugar en verano, cuando las largas horas de luz y las cálidas noches animan a la gente a reunirse. Foto: Tim Bird
Tim Bird ha fotografiado la aurora boreal en el norte de Finlandia en numerosas ocasiones. En finés, las auroras boreales se denominan revontulet, que significa “fuegos de zorro”. Foto: Tim Bird
Es esa perspectiva externa la que le permite observar Finlandia con afecto y distancia a la vez, nos dice.
«La idea no es menospreciar Finlandia, sino mantener un equilibrio», afirma. «Al fin y al cabo, si tuviera una opinión demasiado negativa del país, sería una tontería seguir viviendo aquí».
Una conversación a través de los siglos

En Happy Land, Tim Bird compara sus experiencias en Finlandia con las de la viajera victoriana Ethel Brilliana Tweedie, que escribió sobre el país hace más de un siglo.
Foto: Emilia Kangasluoma
Uno de los elementos más llamativos de Happy Land es la decisión de Bird de yuxtaponer sus experiencias con las de una viajera que visitó Finlandia mucho antes que él, la escritora británica Ethel Brilliana Tweedie.
A finales del s. XIX, Tweedie visitó Finlandia ‒que en aquella época resultaba mucho más remota y desconocida‒ y escribió sobre su viaje para los lectores ingleses.
Bird relata en Happy Land: «Al igual que yo, cuando llegó sabía muy poco sobre el país que se proponía explorar. “Nadie ha soñado jamás con ir a Finlandia”, proclamó. “Sin embargo, Finlandia no es hogar de bárbaros, como algunos imaginan, y tampoco hay osos polares deambulando sin cesar por las calles, ni renos tirando de trineos en verano”».
A lo largo de Happy Land, Bird utiliza las observaciones de Tweedie a modo de de espejo histórico, comparando la Finlandia de hace más de un siglo, desde el punto de vista de una visitante curiosa, con la de hoy en día.
«Lo que debería haber dicho es que, tal vez, dentro de 100 años, alguien leerá mi libro y yo me convertiré en la señora Tweedie», bromea.
Consejos para su yo joven

En su libro Happy Land, Tim Bird reflexiona sobre Finlandia tras varias décadas viviendo y escribiendo en el país.
Cuando salimos de nuevo, la luz del sol se ha desvanecido y en el cielo hay unas nubes bajas procedentes del mar. Empieza a caer una llovizna ligera, uno de esos cambios repentinos que suelen marcar el comienzo de la primavera en Finlandia. El suelo sigue parcialmente cubierto de nieve y aguanieve y caminamos de regreso al puerto.
Me viene a la cabeza la última pregunta que le hice antes de salir de la cafetería: ¿qué consejo le daría a su yo de 26 años, aquel que pisó por primera vez Finlandia sin saber cuánto tiempo se quedaría?
«Cuando llegué aquí por primera vez, era bastante tímido, pensaba que era probable que no me quedara aquí mucho tiempo», dice. «Supongo que me diría a mí mismo, “sal un poco más de tu caparazón. No esperes que sea Finlandia la que venga a ti”».
El consejo aún resuena en mi pensamiento mientras subimos al transbordador, de regreso a Helsinki. Al igual que Bird, llegué a Finlandia cuando tenía veintitantos años, sin saber cuánto tiempo me quedaría. Diez años después sigo aquí e, inesperadamente, sus palabras me resultan sumamente personales. Todavía quedan partes de Finlandia, tanto geográficas como culturales, que no he experimentado: la aurora boreal, el archipiélago, los pueblos y paisajes que quedan fuera de mis rutinas habituales en Helsinki.
Incluso en un país nuevo, es fácil hacerse acomodaticio e ir dejando la exploración para más adelante. Sin embargo, espero saber aplicar el consejo de Bird en mi vida, recordar que Finlandia no se va abrir por sí sola, sino que hay que salir a descubrirla.
Por Tyler Walton, marzo de 2026