Según Emma Sarpaniemi, a todos nos vendría bien un poco de alegría y un toque de color en estos tiempos.
Esta fotógrafa finlandesa está muy solicitada. Su carrera se catapultó tras el prestigioso festival de fotografía Les Rencontres d’Arles, celebrado en Francia en 2023. Desde entonces ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas por toda Europa, y su ritmo de trabajo sigue acelerándose.
Cuando se le pregunta qué hace que su trabajo tenga tanta repercusión ahora mismo, sonríe y hace una pausa para reflexionar.
«Creo que mi trabajo proporciona el tipo de deleite y consuelo que la gente necesita hoy en día, entre tanta agitación, cambio climático y demás», afirma. «La gente quiere tener esperanza».
Sus extravagantes autorretratos llaman la atención de la gente. Lo mismo posa en lo alto de un tobogán del parque con un disfraz de payaso que en su estudio con un bicho gigante de peluche atado a la espalda. Bajo el color, siempre hay un significado más profundo.
Sarpaniemi empezó a hacerse autorretratos como un medio para explorar su identidad mientras estudiaba en la Real Academia de Arte de La Haya.
«Quería entenderme mejor a mí misma y al mundo que me rodeaba», dice. «Teniendo en cuenta los temas que suelo abordar (identidad, feminidad y roles de género), me pareció muy natural utilizarme a mí misma como sujeto».
Entre lo real y lo imaginario

Emma Sarpaniemi: El crujido de una manzana al ser mordida resuena por todo el océano azul (2024)
Sarpaniemi toma sus fotos en analógico, y a menudo deja que el cable del disparador se vea en la foto como recordatorio de que controla su propia imagen.
«Siempre me ha fascinado la relación entre la fotógrafa y el sujeto y las posiciones de poder que se derivan», afirma. «¿Cómo fotografiar a una persona con honestidad y autenticidad, y no solo mostrar lo que representa?».
Incluso cuando se disfraza y explora diversos roles, siempre hay una parte de su verdadero yo presente en sus fotografías.
«Una parte es real y otra es imaginaria», afirma. «No creo un alter ego para mis fotografías. Para mí es importante reconocerme en mi trabajo. La mirada debe ser siempre honesta».
Según Sarpaniemi, crear autorretratos requiere mucho trabajo y procesamiento emocional. Es una artista productiva, pero subraya que necesita tiempo para reflexionar sobre su trabajo.
«Con los autorretratos necesitas tomar cierta distancia antes de ser realmente capaz de mirarlos, de aceptarlos de verdad», dice. «A veces pueden pasar meses antes de que pueda evaluar algunas fotos con la distancia necesaria, con la suficiente objetividad».
Más profundos y crudos que los selfies

Emma Sarpaniemi: Autorretrato como pirata de parque infantil (2024)
Los principales elementos de su obra (la honestidad, la mirada y la distancia) también contribuyen a que estos autorretratos se distingan del interminable flujo de selfies.
Sarpaniemi admite que tiene una «relación de amor-odio» con las redes sociales. Valora las conexiones y la visibilidad que ofrecen, pero desconfía de su naturaleza performativa.
«En la cultura del selfie, la gente intenta salir lo mejor posible», dice. «Yo no elijo mis fotos en función de lo atractiva que salga en ellas; no se trata de eso. Incluso puedo elegir fotos en las que no me gusta mi aspecto».
Ir navegando por los selfies perfectos de los demás, señala, puede provocar inseguridad y presión para lucir igual de bien que esas personas. Los autorretratos, sin embargo, no están pensados para provocar el mismo tipo de comparación.
Para Sarpaniemi, los autorretratos tienen más que ver con lo que hay bajo la superficie, las emociones y el contexto subyacente.
«Los autorretratos son mucho más profundos y crudos», afirma. «En comparación con los selfies, requieren mucha más vulnerabilidad. Cuando miro mis autorretratos, no se me ocurre pensar que yo debería tener realmente ese aspecto. Lo que pienso es vaya, qué imagen tan valiente, qué valiente es exponerse así y cuántas capas y cuánta historia hay detrás».
Aun así, no todo el mundo ve la diferencia. Algunos tachan los autorretratos de egocéntricos, o incluso de una salida fácil, ya que todos tenemos cámaras en nuestros teléfonos y nos hacemos fotos a nosotros mismos todo el tiempo.
«No creo que hacerse autorretratos sea narcisista», afirma. «Puedes ser el escenario, el espejo en el que se miren los demás».
La importancia de ser simplemente Emma
En estos momentos, Sarpaniemi busca el equilibrio entre sacar tiempo para crear nuevas obras y hacer frente a las exigencias de su meteórica carrera. El mundo del arte puede ser gratificante, pero también impredecible.
«Estoy increíblemente agradecida por todos mis logros y las oportunidades que he tenido», dice. «Pero, al mismo tiempo, estoy sometida a una enorme presión».
Cuando la carrera de Sarpaniemi despegó, dijo que sí a todo, participando en exposiciones individuales y colectivas por toda Europa, acudiendo a todos los festivales en los que se mostraba su obra. Al mismo tiempo, creaba nuevas obras a una velocidad vertiginosa y gestionaba la pesada carga administrativa de una artista.
Sintió que el ritmo se volvía demasiado intenso y se tomó un merecido descanso para desconectar por completo de su trabajo y recuperar la creatividad.
«He intentado dejar de crear constantemente y adoptar hábitos de trabajo más saludables», dice. «Los artistas no tenemos un horario fijo de trabajo, pero yo me pongo límites. Si empiezo a trabajar a las siete y media de la mañana, puedo parar a las cinco. No tengo por qué seguir trabajando durante la noche».
Estos años tan ajetreados le han enseñado la importancia de ser «simplemente Emma», no Emma la artista famosa ni la Emma que el público ve en las fotografías, sino simplemente ella misma, sin roles ni responsabilidades.
«Como me dedico a hacer autorretratos, la gente suele pensar que me gusta ser el centro de atención; pero en realidad soy una persona muy reservada», dice sonriendo.
Ser el centro de atención y recibir elogios es difícil para ella, pero despertar emociones en los demás es lo que hace que crear arte merezca la pena.
«Hace algún tiempo, estaba esperando en un semáforo montada en mi bicicleta y un transeúnte me dijo que admiraba mi trabajo», cuenta. «Fue un momento precioso, descubrir que lo que haces también tiene sentido para los demás».
Texto: Lotta Heikkeri
Fotografía: Emma Sarpaniemi