Bajo el suelo de Helsinki: donde la ciudad juega, nada y se refugia

Existe una segunda ciudad bajo las calles de Helsinki, planificada con sumo cuidado y utilizada de manera activa. Desde parques de juegos a salas de ensayo, la capital de Finlandia ha hecho de la previsión una parte del día a día en la vida urbana.

Las risas –más bien carcajadas de alegría – resuenan en el gran espacio. Hugo, que tiene 11 meses, acaba de descubrir la cama elástica y está probándola entusiasmado con su madre, Viivi Jokinen. Sus andares son aún un tanto vacilantes, así que gatear sigue siendo para él una rápida vía de escape.

“Es la primera vez que Hugo y yo venimos”, comenta Viivi. “Me parece que le está gustando”.

A su alrededor hay toboganes, piscinas de bolas y otros juegos de colores chillones y bordes con acabados blandos. Los muros están cubiertos de plantas artificiales. El ambiente es desenfadado, tranquilo y acogedor.

En un parque infantil cubierto, una niña juega sobre una colchoneta bajo una estructura de juego blanda con forma de palmera.

IIvy-Rose Clark, de 7 años, estuvo en La Cueva de los Juegos con sus padres y su hermano. La familia, británica, viajaba ese mismo día a la ciudad de Rovaniemi, en el norte de Finlandia, para conocer a Papá Noel.

Es fácil olvidarse de que no solo se trata de un espacio interior, sino que además estamos a unos 30 metros bajo tierra, dentro del parque infantil La Cueva de los Juegos, en el subsuelo del distrito de Hakaniemi.

Y es que Helsinki no deja de sorprender: hay otra ciudad bajo su superficie.

Una ciudad bajo la ciudad

Un pasillo subterráneo vacío, con suelos de hormigón liso, sigue la curva de unos muros de textura rocosa, mientras que en el techo pueden apreciarse unas rejillas metálicas.

El lecho de granito de Finlandia permite que puedan llevarse a cabo grandes construcciones subterráneas. Podría decirse que los finlandeses llevan la previsión en su ADN. Los refugios se llevan construyendo desde 1955.

Se dice que Helsinki es la única ciudad del mundo en tener un plan urbanístico subterráneo. Bajo sus calles hay parques de juegos, gimnasios y salas de deporte, pistas de atletismo, estaciones de metro, espacios artísticos y salas de ensayo para músicos, aparcamientos, piscinas, un museo e incluso una iglesia. Hay túneles, locales comerciales e incluso algún que otro lago artificial.

Dos mujeres sostienen a sus bebés en un colorido tobogán acolchado, en un parque de juegos para niños.

Anna Arvola y Senni Niemi, con Anton y Verne, ambos de ocho meses y medio, suelen acudir regularmente La Cueva de los Juegos. “Aquí todo está acolchado, así que es un lugar seguro para que los niños practiquen sus habilidades motoras”, dice Arvola.

Pero lo que resulta chocante, es lo poco que esta ciudad subterránea se parece a un búnker. Los techos son altos, y los acabados a la vista y la iluminación han sido pensados con sumo cuidado. El lecho de granito sobre el se asienta Helsinki permite excavar enormes espacios, con lo cual el resultado parece más deliberado que defensivo.

Gran parte de este mundo subterráneo surgió como una infraestructura de protección civil. Solamente en Helsinki hay cerca de 5500 refugios, con la capacidad suficiente para acoger a casi un millón de personas, una cifra llamativa para tratarse de una ciudad con unos 700 000 residentes.

De vuelta en La Cueva de los Juegos, Hugo se apresura gateando con determinación hacia los toboganes. Su madre lo sigue, sonriendo.

La previsión como forma de vida

Al final de una rampa curva de hormigón, en una zona arbolada y cubierta de nieve, vemos la entrada a una de las instalaciones subterráneas de Helsinki.

Helsinki cuenta con cerca de diez millones de metros cúbicos de espacio subterráneo, los cuales incluyen unas 500 instalaciones subterráneas individuales.

Poca gente conoce el subsuelo de Helsinki como Pasi Raatikainen, un veterano planificador de protección civil del Departamento de Rescate de la Ciudad de Helsinki, que nos habla de los refugios con orgullo.

“Finlandia es un modelo en lo que respecta a la protección civil”, afirma.

Los orígenes del sistema se remontan a la Segunda Guerra Mundial y a sus posteriores consecuencias. Finlandia se propuso reconstruir su sociedad para que esta fuera igualitaria y justa, y la previsión pasó a formar parte del contrato social. Los refugios se planificaron a una escala que garantizase el espacio para todos los habitantes, incluyendo a los más vulnerables, nos explica Raatikainen.

Con el paso del tiempo, las amenazas que originaron la previsión han ido cambiando. Durante la Guerra fría, la guerra nuclear constituyó una amenaza latente. Tras el desastre de Chernobyl, en 1986, la atención se centró en los accidentes nucleares. La infraestructura evolucionó conforme a ello, sin desaparecer en ningún momento de la vida cotidiana.

El día a día, ocho pisos bajo el suelo

En una luminosa instalación deportiva subterránea, dos hombres juegan un partido de tenis de mesa.

Timo Kauppila (izquierda) y Veli Perikangas empezaron hace unos años a jugar al tenis de mesa en el pabellón deportivo Maunula, que acababa de ser renovado por completo. “Quedó precioso”, afirma Kauppila.

Entre los muros del Pabellón Deportivo de Maunula, el sonido seco de la pelota de ping-pong se oye por todas partes. Veli Perikangas y Timo Kauppila, ambos jubilados, suelen reunirse varias veces a la semana para practicar. Otros días los dedican a levantar pesas o hacer estiramientos.

“Es para no quedarnos completamente tiesos”, comenta Perikangas sonriendo.

Según nos cuenta Kauppila, el pabellón está unos ocho pisos por debajo del nivel del suelo, en las profundidades subterráneas. Se oye música rock y el sonido de mancuernas que suben y bajan. Entre semana el espacio se reparte por las mañanas entre los jubilados y otros adultos más jóvenes.

Lara Müller, que es bailarina profesional, acude al pabellón dos veces por semana. Lo que más valora es el buen estado de las instalaciones.

En una luminosa sala de ejercicios, con suelo azul y una gran colchoneta naranja colgada en la pared, una mujer subida en un banco bajo hace sentadillas en una pierna.

La suiza Lara Müller comenta que, en su país, la mayor parte de los refugios de protección civil están ocultos. “No se puede entrar en ellos así como así”, dice.

“Es un lugar luminoso y agradable”, dice.
El techo es muy elevado y el aire, fresco.

En un luminoso espacio de fitness, un hombre hace ejercicio sentado en una máquina de gimnasio.

Reijo Lohtaja, que está jubilado, ya conoce a otros usuarios del gimnasio del centro de fitness, donde entrena tres veces por semana porque le gusta mantenerse activo.

“Me hace sentir bien saber que hay suficiente aire”, comenta Reijo Lohtaja entre dos series de ejercicios. Suele reunirse con amigos tres veces a la semana para entrenar y, entre serie y serie, charlan sobre temas de actualidad. De vez en cuando, también hablan sobre el hecho de que están haciendo ejercicio dentro de un refugio de protección civil.

“Es bueno que estos espacios no estén vacíos”, dice Lohtaja.

Por qué Finlandia es diferente

Una imagen del espacio subterráneo de la estación de metro de Koivusaari, limpio, con un andén muy amplio embaldosado y una iluminación moderna.

Hay varias estaciones de metro de Helsinki que también son refugios de protección civil. Esta es una imagen de la estación de Koivusaari, inaugurada en 2017.

A nivel internacional, el punto de vista de Finlandia en materia de defensa civil destaca por tres razones fundamentales. En primer lugar, se trata de un compromiso a largo plazo: la construcción y el mantenimiento de los refugios ha sido un asunto de décadas. En segundo lugar, y a diferencia de muchas otras ciudades, el sistema es de una transparencia francamente inusual. Hay más de 50 000 refugios por todo el país y la mayoría de la población sabe dónde se encuentra el más cercano.

En tercer lugar, y quizás esto sea lo más sorprendente, muchos refugios y espacios subterráneos se utilizan a diario, porque albergan parques infantiles, gimnasios, aparcamientos o piscinas. En los edificios de viviendas, los refugios suelen servir también de trasteros.

“Sería una tontería no aprovechar toda esta capacidad”, afirma Pasi Raatikainen, del Departamento de Rescate de la ciudad de Helsinki.

El uso activo mantiene los espacios en buen estado, al tiempo que los residentes se sienten familiarizados con ellos. De producirse una emergencia, no sería fácil que la gente entrase en un lugar que les resultara desconocido.

“Inspira tranquilidad saber que se trata del mismo lugar en el que has jugado con tu hijo”, afirma Raatikainen.

Deporte bajo las rocas

En esta imagen de la piscina de Itäkeskus, dentro de un espacio roso que recuerda una caverna, vemos las calles de natación y los toboganes acuáticos.

El complejo polivalente y la piscina cubierta de Itäkeskus fueron inaugurados en 1993, recibiendo cerca de 375 000 visitantes al año. Además de las piscinas y las saunas, cuenta con varios gimnasios y pabellones deportivos.

En el exterior el aguanieve azota con fuerza, pero dentro el aire es cálido y húmedo. La luz artificial riela en la superficie del agua.

La piscina cubierta de Itäkeskus acaba de abrir sus puertas. La natación es uno de los pasatiempos más populares entre los finlandeses, ya se trate de los lagos y las playas en verano, o de las piscinas cubiertas en invierno.

Por encima de esta piscina hay unos 50 metros de roca sólida.

Un hombre posa sentado junto a una piscina cubierta, ataviado con una camiseta naranja en la que pone “Helsinki” y pantalones de chándal azules.

Ville-Pekka Laukkanen dirige el equipo de personal de la piscina de Itäkeskus y también es instructor de natación titulado. “Aunque la verdad es que nado muy poco”, admite.

“En realidad, la gente no se para a pensar en que esto es un refugio”, dice Ville-Pekka Laukkanen, director del equipo de personal de la piscina.

“Más bien les parece una piscina que, casualmente, está bajo tierra”.

Una imagen exterior de la entrada acristalada del refugio subterráneo de Itäkeskus, mientras cae una intensa nevada.

Está previsto que en 2028 se inicie la gran renovación de la piscina cubierta de Itäkeskus.

Y esta misma lógica es la que se aplica no muy lejos de aquí, en el distrito de Myllypuro, donde el Formula Center Helsinki gestiona una pista cubierta de karting de 300 metros, también excavada en la roca.

Una pista de karting subterránea serpentea a través de un túnel de hormigón, iluminada con llamativas luces de neón y bordeada de neumáticos que sirven de barrera.

Casi todos los refugios de protección civil están listos para ser utilizados de inmediato. La condición previa es que han de estar totalmente operativos en un plazo de 72 horas. El Formula Center atrae a muchos grupos de trabajadores de empresas y a primerizos deseosos de probar el karting.

La lluvia y el viento son irrelevantes, porque aquí las condiciones atmosféricas se mantienen constantes una vuelta tras otra. Bajo tierra, el deporte se vuelve inmune al clima.

Cuando los pilotos finalmente regresan a la superficie, la luz del día les parece cegadora.

Punk, heavy metal y protección civil

En un subterráneo, hay una hilera de maceteros blancos dispuestos junto a un muro de hormigón, bajo unas lámparas de luz violeta que hace que crezcan las altas plantas.

Siguiendo la legislación nacional y supervisados por el Estado, la mayoría de los refugios han sido financiados por municipios o iniciativas privadas. En Finlandia, la ley obliga a construir refugios desde hace más de 70 años.

Aunque una ciudad subterránea como la de Helsinki es poco habitual, no está terminada ni es inalterable, y tampoco pretende serlo. Como cualquier infraestructura significativa, está en constante proceso de adaptación.

Pasi Raatikainen deja para el final una última observación, que tiene más que ver con la cultura que con la planificación de emergencias.

“Si Finlandia tiene algunas de las mejores bandas de punk y heavy metal del mundo, es gracias a nuestros refugios de protección civil”, afirma con una sonrisa.

Las bandas llevan décadas ensayando bajo tierra, ocultas en locales insonorizados excavados en la roca. Mientras que en otros sitios es difícil encontrar salas de ensayo asequibles, las que hay en el subsuelo de Helsinki llevan mucho tiempo formando parte del tejido urbano.

“Las bandas siguen ensayando aquí abajo, ¿dónde iban a encontrar los jóvenes nada mejor?”, dice Raatikainen.

Parece que, bajo Helsinki, la resiliencia no solo fomenta la seguridad, sino también la vida cotidiana, el juego, el movimiento, la música y el sentido de pertenecer a la comunidad.

Texto y fotografías de Emilia Kangasluoma, enero de 2026